lunes, 15 de octubre de 2012

ANOTACIONES PARA JULIO 2011


ANOTACIONES PARA EL 3 DE JULIO, 2011
153.  Título de la Anotación: “La nobleza obliga”.
La pobreza humana no se mide solamente en términos de dinero; de hecho, existen personas tan miserables que solamente cuentan con dinero de entre sus riquezas. Pero existen otras, bastante más pobres todavía: aquellas tan rudimentarias, tan privadas de espíritu y tan limitadas de mente que se mueven por puro placer en vez de por satisfacción ya que son incapaces de distinguir entre ambas.

En MAMBA distinguimos entre ‘placer’ y ‘satisfacción’ y derivamos gran importancia de esa distinción. Un ‘placer’ es un estado psicológico efímero que resulta del agrado a los sentidos; la vista, el oído, el tacto, etc., dan placeres – de entre los placeres más importantes para el ser humano, más allá que el del sexo, está el placer gustativo. En el hambre encontramos un buen ejemplo para diferenciar entre placer y satisfacción. El hambre es una expresión de la necesidad de alimentación o de nutrición que tiene un ser vivo – para sobrevivir hace falta satisfacer esa necesidad. En contraste, “las ganas de comer” es una expresión del deseo que tiene un ser de sentir placer a través del sentido del gusto. El hambre y las ganas de comer, por lo tanto, reflejan dos insuficiencias muy diferentes; el primero refleja una necesidad fisiológica que se busca satisfacer; la segunda refleja deseos psicológicos que se busca complacer. La primera, el hambre, tiene límites puesto que el cuerpo solo precisa de ‘X’ calorías y de ‘Y’ nutrientes para satisfacer sus necesidades; la segunda, las ganas de comer, es ilimitada puesto que corresponde a los deseos de una mente de capacidad infinita.

El placer y la satisfacción por lo tanto son dos estados psicofisiológicos muy diferentes. El placer opera bajo el principio de constante insuficiencia: ¿se puede tener demasiado placer? La satisfacción, por lo contrario, implica la existencia implícita de un límite más allá del cuál reconocemos – aquellos que distinguimos entre complacer y satisfacer – el vicio de nuestros deseos, de nuestra lujuria, de nuestra gula, de nuestra avaricia. La satisfacción se presta, pero no siempre, a un estándar objetivo: “deberías estar satisfecho (con lo que has comido, bebido, logrado, alcanzado, terminado, pintado, escrito, etc., etc.)”. El placer es siempre subjetivo, personal y por lo tanto es posesión de la perspectiva individual. La satisfacción se extiende a conceptos abstractos como el amor, la justicia, el honor, y sobre todo: la excelencia. La satisfacción, vemos, abarca el placer: estar satisfechos es estar complacidos, pero no necesariamente viceversa: siempre da placer estar satisfecho, pero no siempre satisface darse un placer. Hay otro problema con el placer: además de ser subjetivo es tremendamente relativo. Un árbol es grande respecto a una persona pero pequeño respecto a un rascacielos; el rascacielos es gigantesco respecto a un ratón pero diminuto en comparación con una montaña. En cuanto al tamaño todo es relativo, todo es cuestión de comparación; en cuanto al placer también lo es. Encontrarse un billete de $5 en la calle es un placer; encontrarse uno de $50 es sustancialmente mayor. Para el pobre quizás el hallazgo de un billete de $50 sea diez veces mayor que el de $5; pero seguramente si eres millonario tal vez ni te molestes en agacharte por el billete de $5 – no merece el tiempo de tu esfuerzo. Subjetivo, relativo, y efímero, el placer es la base de adicción, mientras que la excelencia es el fruto de la satisfacción.

Psicólogos tradicionales como Freud y filósofos empiricistas británicos como John Stuart Mill o David Hume, destacaron el “Principio del Placer”, según el cual las personas se disponen para aumentar su placer y reducir su dolor o sufrimiento. Pero ese principio es incompleto ya que precisamente no distingue entre el placer y la satisfacción. Aquellos que reconocen y distinguen entre ambas categorías de estados psicofisiologicos entienden bien el adagio de “no pain, no gain”, o sea, de la necesidad de posponer un placer inmediato – o incluso experimentar dolor/sufrimiento a corto plazo – para lograr una satisfacción a medio o largo plazo. En experimentos empleando chocolatinas como premio los chimpancés demuestran la incapacidad de aplazar el deleite del momento a cambio de una ganancia superior en el futuro, y esto se considera precisamente como muestra de la superioridad de nuestra especie. El corolario de este resultado es que las personas que son incapaces de posponer su placer en pos de una meta de mayor ganancia, una meta que nos dé satisfacción, por ejemplo, son como changos. Dentro de nuestra propia especie, por lo tanto, podemos distinguir entre aquellos emprendedores disciplinados – acechadores de la excelencia y cosechadores de satisfacciones – y aquellos primitivos y rudimentarios, vencidos por sus apetitos.

Estar contentos y estar satisfechos es una misma cosa, sobre todo en términos de “exigir la perfección pero satisfacerse con la excelencia”. La verdadera felicidad, la eudaimonía, es aquel estado interior que surge cuando estamos satisfechos de haber aprovechado nuestros recursos y capacidades al máximo de nuestro potencial. Pero para eso hace falta tener una misión de vida y una estrategia para lograrla, no acontece por si solo. La misión de vida nos ofrece una jerarquía de objetivos que organiza nuestras actividades y determina nuestras satisfacciones: cumplir con objetivos que contribuyen a la misión nos satisface, distraernos de nuestra misión nos adeuda con costrosos mismos, nos disgusta. Nada satisface más que la misión cumplida – ¡y eso es siempre el sumo placer!

La misión de vida va acompañada de una Identidad, que es aquél modelo personal que nos dictamina nuestros patrones de pensamiento, sentimiento, y conducta en todo momento y ocasión. Aquellos con Identidad distinguen, por consecuencia, entre placer y satisfacción, entre misión y distracción, y mientras que no son robots sí están muy lejos de desvalorarse dejándose corromper por la persecución de placeres en vez de la caza de satisfacciones: el placer es para plebeyos, la satisfacción es de nobleza. “Noblesse oblige” – la “nobleza obliga” a establecer y a demostrar esa diferencia.

La obesidad se ha convertido en una auténtica plaga de nuestros tiempos, una clara y verdadera indicación de la decadencia psicológica y espiritual del ser humano que se manifiesta a todos los niveles socioeconómicos, todas las edades, y en ambos géneros. Palabras fuertes y no muy dadas a fomentar la simpatía con el público (obeso) – pero no obstante palabras ciertas: la creciente prevalencia de la obesidad no es sino una cuestión de falta de Identidad y de ausencia de misión de vida, al igual que el alcoholismo, y todas las adicciones que no son sino obsesiones patológicas con el placer. A falta de una misión de vida que nos dé prioridades para nuestras actividades, determinando así objetivos y metas en pos de esa misma misión, existimos como changos rapados y no como verdaderos seres humanos. La plebe se rige por el “Principio del Placer” mientras que la nobleza obliga al “Principio de la Satisfacción”.
Vivimos en tiempos de mediocres plebeyos dominados por sus placeres, no en tiempos de Grandes Espíritus y Leyendas que acechan la nobleza de la excelencia de sus satisfacciones.

He Dicho. Así Es. Y Así Será.

ANOTACIÓN PARA EL 4 DE JULIO, 2011
153.  Título de la Anotación: “Los señoritos”.
Acontece que por lo general enfoco en el efecto de la ausencia del padre efectivo – un “Padre-Hombre” – en los varones, pero los hijos no son los únicos afectados, y quizás incluso no sean los más afligidos. Una mujer que no ha tenido presente un Padre-Hombre en su vida jamás se completará como mujer, ya que la mujer como ‘ser’ se completa ambas en su relación de pareja y en su calidad de madre. Con la ausencia del Padre-Hombre la mujer sufre de dos formas. Una, que no aprende a tiempo a discernir cuales son las cualidades ideales del varón que desea atraer como su esposo y como el padre de sus hijos; ese aprendizaje se le cobra en la forma de errores de selección cometidos, de hijos sin padre o sin figura paterna deseable, y de soledades prolongadas mientras que intenta entablar relaciones cargando con el bagaje a cuestas de los hijos de otro, o de otros: de ahí la presente plaga de cuarentonas solteras.

El segundo precio es que aunque la mujer se topara con un buen ejemplar de Padre-Hombre y candidato para pareja, no sabría como lidiar con la relación para retenerlo. De hecho, los buenos hombres son como el peso ideal: difícil de alcanzar, pero si no tienes buenos hábitos alimenticios (o sea, de relación) y sobre todo después de cierta edad, casi imposibles de retener. Como me dijo una buena amiga con respecto a las mujeres divorciadas, “se encuentran todas frustradas y amargadas y cuando por fin encuentran a un hombre para compartir su vida le hacen el blanco de todas sus desgracias acumuladas y al tiempo se renueva el ciclo de quedarse solas”. Dijo mucho. Los hombres buenos candidatos no son, como los “señoritos” que se criaron mimados y malcriados por sus madres – que es donde primero aprenden y practican faltar el respeto a las mujeres. Los “señoritos”, que en realidad no buscan “mujeres” sino sustitutas a sus madres con el incentivo adicional de poder tener relaciones sexuales con ellas, se aferran a sus relaciones por muy disfuncionales que sean solamente porque les da pavor vivir solos – hasta que encuentran una sustituta claro, y si es más joven mejor todavía. Es muy curioso, de hecho, ver como las madres llegadas sus cuarentas se quejan de los mismos malos hábitos presentes en los hombres que ellas mismas inculcan en sus hijos varones – los “señoritos” del futuro.

¿Cómo acontece eso? Simple. Con demasiada frecuencia las madres no distinguen entre el trato que deben dar a sus parejas y el que dan a sus hijos varones; no se dan cuenta de que al padre, suponiendo claro está de que sea un Padre-Hombre, se le “consiente” como beneficio del sacrificio de ejercer la función de capitán del navío familiar, y por lo tanto el encargado y el responsable de la prosperidad psicológica y funcional de sus miembros. (Solamente los lectores y oyentes regulares de mis programas entenderán cuales son las responsabilidades del padre efectivo y por que es indispensable para la formación de una sociedad de primer-mundo.) Los hijos, al igual que las hijas, deberían estar en otro programa de tratamiento completamente diferente: la de ganarse su estancia con su ración de labores y responsabilidades contribuyentes. Pasada la infancia la madre no debería estar ya al servicio de los hijos salvo en cooperar en la disciplina de los mismos. En ningún estado natural es el nido tan cómodo y acogedor que los hijos no quisieran salir de él y formar el suyo propio.  Demasiadas veces las madres pierden de vista que la relación fundamental de la familia es la suya con su pareja/marido, mientras que su relación con sus hijos debería ser distantemente secundaria – si es que quiere mantener su relación primaria claro. Con suma frecuencia se pierde de vista por completo que el aspecto del convenio que atrajo al hombre a la mujer era su relación con su esposa según la cuál él era el foco primordial de su atención – no los hijos. También, con igual de frecuencia las madres permiten que sus hijos desplacen al padre por completo dejándole desprovisto precisamente del soporte emocional y sexual que fue lo que le atrajo a ella para comenzar. Además, como al padre en estas sociedades no se le enseña – por falta de modelo – cómo ejercer de comandante en jefe del hogar, ni tampoco existen muchas madres latinas que lo permitirían, se siente totalmente desplazado del seno familiar. ¿El resultado? El hombre, sea igual “señorito” o Padre-Hombre, se va con sus necesidades emocionales y sexuales a otra parte – y esas “otras partes” nunca escasean. ¿Qué aprenden las hijas en estas situaciones? Solamente a cometer los mismos errores que las madres tanto en el criterio de su selección de parejas como en su trato de las mismas. Así es cómo el ciclo vicioso de familias y de relaciones disfuncionales se perpetúan durante generaciones. ¡Qué cruel es la sabiduría cuando ya no es de beneficio al sabio!

He Dicho. Así Es. Y Así Será.

ANOTACIONES PARA EL 5 DE JULIO, 2011
154.  Título de la Anotación: “La IMAGINOCEPCIÓN: El Nexo entre las Esferas”
La Esfera de Agua (ambiente), la Esfera del Viento (mente inconsciente), y la Esfera de Fuego (mente consciente), la Esfera de Tierra (el cuerpo), y la Esfera del Vacío (el Tao) todas encuentran su nexo, su conexión en la IMAGINOCEPCIÓN, es decir, en la imaginación, en la memoria, en los sueños, en las fantasías; de ahí que la disciplina de la Meta-Programación Imaginoceptiva sea la clave y la culminación para la armonía y la superación del ser humano como individuo y como especie.

155. Saber cómo inspirar la desesperación como herramienta motivadora y organizadora es propio del Sennin.

156. La muerte, es decir, la ausencia de vida, da propósito y valor a la vida, mientras la mentira fantasiosa de la eternidad devalúa la vida. La muerte convierte a la vida en diamante; la idea de la eternidad la reduce a lodo.

157. He vivido una gran vida, llena de lo imposible y de lo maravilloso; no se la desearía a mi peor enemigo y no se la cambiaria a nadie.  He amado y he sido amado, pero sobre todo he sabido cuando necesitado con sinceridad dar lo máximo de mi mismo hasta el mismo desaliento. No fui perfecto, pero nadie justamente me puede Viví cada momento con intensidad máxima porque lo viví para cumplir o morir y para cumplir hasta morir; la verdad es que nunca supe ser de otra manera. Fui padre ya con mis dieciocho años, y como tal comenzó mi comandancia sobre mis hijos mayores; antes de eso fui soldado bajo otro comandante. De comandante en comandante se pasan los derechos y las responsabilidades de la paternidad y más allá de eso, de la hombría misma. El verdadero hombre, siempre sentí, es padre no solamente para sus hijos, sino para cualquier huérfano indefenso – infante o adulto – que le pida su amparo. Y ahí figuras, paraguas baja la tormenta. Lamentablemente, demasiados, pasadas las amenazas de lluvia, desechan los mismos valores, la disciplina, y las enseñanzas que les dieron cobijo. Uno solamente es responsable por sus esfuerzos sinceros y auténticos, no por los resultados ni por los agradecimientos respecto a los mismos.

158. ¿La muerte? La muerte no existe; solamente existe la ausencia de vida. Lo demás son supersticiones para ignorantes. ¿Por qué iría a temer la ausencia de vida? Hay cosas mucho peores que dejar de vivir, entre ellas la muerte en vida que viven los cobardes y los ignorantes.

He Dicho. Así Es. Y Así Será. 

ANOTACIONES PARA EL 6 DE JULIO, 2011
159. Prefacio de la nueva novela titulada: “El Ascenso del Sennin: Avatar de la Nueva Realidad, Volumen 1

PREFACIO

Se supone que la evolución física del ser humano, es decir, su respuesta fisiológica a las presiones ambientales, cesó hace apenas 60,000 años con las últimas fases de su desarrollo cerebral, dando lugar al denominado hombre moderno –  Homo Sapiens Sapiens – el “hombre que sabe que sabe”. Una nueva mente acompaña a este ‘nuevo’ cerebro, una mente que da lugar a una nueva dimensión, la dimensión de lo irreal, de lo potencial y de lo imposible, de la imaginación, de las ideas; una dimensión más allá de las tres dimensiones del espacio y de la cuarta del tiempo – una Quinta Dimensión. Pero la evolución continuó, también a su vez metamorfoseada, transformada, evolucionada, ya que con el cese de la transformación física del cuerpo comenzó la evolución de la mente, la evolución del funcionamiento de la mente-cerebro aplicada a la supervivencia y a la plenitud de la especie, es decir, a la evolución de las ideas. ¿Y cuáles son las ideas más evolutivas, más ‘revolucionarias’, más destacadas, más avanzadas, categóricamente superiores de acuerdo a este gran efecto? La respuesta es aquellas ideas que promueven el control de la mente-cerebro: las ideas de la creación y del control de la imaginación, las ideas que dan lugar a la formación y al manejo de las ideas mismas.

               La evolución creó algo más que la imaginación y su consiguiente nueva dimensión de existencia para el hombre. La evolución dividió al ser humano en Cinco Esferas de elementos diferentes pero interrelacionadas: la Esfera de la Tierra que es su cuerpo; la Esfera del Agua que es su medio ambiente, natural y artificial; la Esfera del Fuego que es su mente racional y consciente; la Esfera del Aire o del Viento, su mente inconsciente de donde emanan sus sueños, sus patrones conductuales, y sus esquemas emociones; y finalmente la Esfera del Vacío de donde surge su dominio sobre sí mismo y su capacidad de integrar y armonizar las Cuatro Esferas anteriores. Todas estas Esferas, y por lo tanto sus Elementos correspondientes, existen activas en el ser humano y en esto el ser humano es único de entre los seres vivos que pueblan el universo conocido.

               Las nuevas fuerzas evolutivas que surgen del desarrollo de las ideas suponen igualmente amenazas a nuestra supervivencia, amenazas no-naturales – sobrenaturales – causadas por algunas de las ideas mismas. Las ideas y sus manifestaciones – la cultura, la civilización, y la tecnología – constituyen el nuevo ambiente dentro del cual el ser humano debe desenvolverse y sumergirse; un ambiente que le penetra y constituye la esencia de su mundo interno, y un ambiente que le rodea, formando la mayor parte de su mundo exterior. Pero la mayor amenaza que resulta no es causada directamente por esta nueva forma de evolución que nos acecha a los hombres, sino por el estado de separación y de alienación que existe entre las Cinco Esferas de los elementos que componen su existencia. Tan inminente es el peligro de extinción que presenta para el ser humano este estado de enajenación entre sus Cinco Esferas, que amenaza con borrarle de la faz del universo antes de que como especie haya podido diagnosticar su propia fragilidad.

               Pero la naturaleza es sabia y ninguna especie contiene el germen de su destrucción sin la innovación que posibilite su salvación. El ser humano que existe gracias a la idea y que amenaza perecer gracias a la misma ha evolucionado una nueva variante que, maestro y dominador de las Cinco Esferas, sabrá traer armonía entre ellas y rescatar al ser humano de sí mismo. ¿Y cómo se conoce al nuevo ser humano resultado de esta nueva evolución? Se trata del Homo Sapiens Sennin, ‘el hombre que sabe perseverar en el dominio de sus ideas’. No importa como se generó el Sennin, el cómo vino a darse lugar, ni siquiera dónde está ubicado. Lo único que importa es reconocer que está ahí, crecientemente en todos nosotros, en nuestras mentes, en las innumerables interconexiones de células nerviosas responsables por nuestros pensamientos, por nuestras emociones, por nuestras conductas. Ahí está emplazado, apostado, transformándonos, evolucionándonos, revolucionándonos de acuerdo a su poder que es el poder de la voluntad de sus pensamientos, de la propagación de sus ideas.

Todos los días, a diferentes horas y desde la Esfera del Vacío que es su gran y exclusivo dominio, va reconstruyendo nuestra realidad de acuerdo a esas corrientes nerviosas que son sus ideas, sus imaginaciones, transmitiendo, en diversas frecuencias cerebro-mentales y a modo de una inmensa sugestión subliminal o programación inconsciente en masa, para llegar a los miles de millones de mentes-cerebros que somos la especie humana. Nadie le es inmune; a nadie se le escapa. Él es nuestra única esperanza.

160. Hoy en mi muro de Facebook colgué los siguientes mensajes:
(1) Nuevos capítulos de mis obras literarias (Tiempos de Miakoda, El Sendero de Julio Wolf, Cuentos Chamanicos de Omayok el Grande, Las Enseñanzas de Lord Ishmael, etc.) estan disponibles pero solamente a aquellos con Membresia Literaria del Instituto KAIZEN Center de MAMBA-RYU. Para más información póngase en contacto conmigo a maestroskaizen@gmail.com con "Membresia Literaria" en el asunto. ¡Gracias!

(2)  La verdad es que estoy harto de, por ejemplo, alumnos/as, entre ellas gente supuestamente educadores modelos para sus propios alumnos, que prometen pagar su mensualidad y luego desaparecen bajo promesa de "la semana que viene..." o "mañana...". Es hora de que las personas aprendan a valorar y si hace falta, que les cueste para hacerlo.

He Dicho. Así Es. Y Así Será. 

ANOTACIONES PARA EL 8 DE JULIO, 2011
160. El tiempo es el recurso más limitado de la vida; la vida es tiempo. Ni un rey ni un presidente ni un rico pueden crear más tiempo. Hay tiempo si uno hace tiempo. Hay que saber encontrar placer en la aplicación satisfactoria de nuestro tiempo. Las satisfacciones siempre dan placeres – pero los placeres con frecuencia no nos satisfacen, sino todo lo contrario: cuando hacemos un culto al placer convergemos en la lujuria y el libertinaje. ¡SEMPER KAIZEN!

161. Solamente uno mismo se puede cambiar. Pero en el agregado como nación, como cultura, sin ciudadanos que se muevan por sus ganas de superación personal seguiremos siendo siempre tercer mundo: una cultura de colonizados y vasallos; y eso también es cierto. La superación personal es imperativa si no por uno mismo al menos por nuestro orgullo respecto al patrimonio cultural: hay que tener consciencia social.

162. Para cambiar a una persona hace falta cambiar el círculo social – familiar, de pareja, de amistades – en el que se desenvuelve – o sacarle de él por completo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Al igual que no se puede servir a dos amos a la vez, uno no puede ser simultáneamente siervo de sus apegos y cultivador de su autorrealización. Esa fue la gran lección del Buda al dejar a tras a sus obligaciones familiares: lo que no aporta no importa – no importa. ¡SEMPER KAIZEN! 

162. Título de la Anotación: “La cultura latino: temor a la soledad y culto al ocio y al placer”.

                Ayer, camino de vuelta de la tienda tuve un “golpe de perspicacia” sobre la cultura latina. La introspección fue el resultado de un sondeo azaroso de mis experiencias personales sobre la cultura latina en su rica variedad: Puerto Rico, España, el Brasil, México, Cuba; de entre las buenas amistades y familiares portugueses en el Canadá (mi cuñada es portuguesa-canadiense); de entre las relaciones íntimas y profesionales con individuos de Venezuela y de otros lugares de la Hispanidad durante mis varios años de interprete en el Canadá.  Llegué a la súbita conclusión de que al latino, en términos generales claro, le da pavor el estar solo, pero que en agrupación social busca reforzar su culto al placer y su adoración al ocio. Escribí lo siguiente en mi “Diario de un Sennin”:
Por el camino tuve una introspección sobre ciertas deficiencias del latino en cuanto a su calidad de tercermundismo: su sociabilidad. El latino no sabe ser solitario cuando se precisa, es decir, es animal de grupo, pero su grupo no es una manada de lobos, es decir, sus juntas sociales no tienen propósito, de hecho, la mera sugerencia le sería anatema, sacrilegio, insólito: para el latino las juntas sociales (y por ende familiares) son para la diversión, no para la edificación o para el logro comunal – para eso está el trabajo o el crimen organizado. De ahí que el latino sea animal de rebaño, que cuando socializa pastorea sin consciencia, sin pensamiento, sin propósito, sin dirección, sin visión igual que las ovejas o las cabras – las domesticas, claro, puesto que las silvestres están siempre en alerta, preparadas en su supervivencia. Si queremos dejar de ser el ano del mundo occidental vamos a tener que fomentar cambios radicales en nuestra forma de ser, en nuestras prioridades, en nuestra Identidad – es decir, establecer una porque como cultura ni la tenemos. Tema de bitácora. ¡Rayos! ¡Aquí en plena inspiración socio-filosófica y con tarea para el seminario al que tengo que dar prioridad!

Lástima que no tuviera tiempo de explayarme ayer como era mi intención, pero luego anoche, como resultado de un tema recurrente que hemos visto en los seminarios, tuve otra revelación de conjunción de ideas. He estado hablando en diversos seminarios del culto occidental al ocio que es más prevalente entre los países católicos que entre los protestantes.

                El culto fundamental al ocio tiene raíces religiosas; al fin y al cabo, todo cristiano (católico, protestante, ortodoxo, es decir, cualquier creyente en la divinidad de Jesús), y todo musulmán centra su existencia entorno a la idea de un estado idílico eterno, llamémoslo Cielo o Paraíso, desprovisto de labores, tareas, adversidades, obligaciones, responsabilidades, impuestos, alquileres, consecuencias, exigencias, frio, calor, deberes, exámenes, indigestión o estreñimiento, etc., es decir, un estado de la mayor ociosidad imaginable y desprovisto de la menor inconveniencia posible. Gran parte, la mayor parte de los problemas de nuestra cultura y civilización occidental es el culto que hacemos a esa idea, y el deseo, consciente o implícito, de realizar un “Paraíso Terrenal”, o sea, de lograr ese estado de cero esfuerzo y máximo placer en nuestras vidas. En pocas palabras el occidental ambiciona un regreso al mítico Edén con su ociosidad permanente y su hedonismo total, un anhelo que se degenera, inevitablemente, en el libertinaje y el nihilismo – la negación de toda energía y empeño vital. La vida es guerra, la vida es adversidad, la vida es superación, la vida es contender, la vida es el toro de lidia que embiste con bravura al matador, distinguiéndose a sí mismo y a toda su casta por el empeño de su empresa aún ante la muerte segura. La afirmación de un paraíso eterno es la denegación de la vida, mentalidad que se pervierte fácilmente en un culto a la muerte.

                El culto al placer y al ocio roba a la vida de su esencia, de su naturaleza. Todo ser vivo es el resultado de una cadena ininterrumpida de transmisión genética que promovió individuos que superaron las adversidades de su ambiente: vivir y superar es una misma cosa. Somos el único ser que niega el impulso vital de tal manera que imagina que el estado ideal de la vida sea una existencia desprovista de adversidades donde el esfuerzo sea superfluo y el placer venga a chorro de grifo. No es de extrañar que por una parte tengamos problemas de obesidad y por otra adicciones, ansiedades y neurosis depresivas. Por algo dicen que una mente ociosa es el taller del demonio: evolucionamos para resolver problemas con nuestra mente, y a falta de aplicaciones productivas y positivamente creativas de la misma nos inventamos problemas que exigen solución. De una forma u otra nuestras vidas precisan de adversidades porque seguimos siendo seres vivos programados genéticamente para la batalla diaria.

                Las culturas que adoptaron la opción del Protestantismo de Martin Lutero (no Martin Lutero King, Jr, sino el catalizador de la Reforma Eclesiástica conocida también como la Reforma Protestante nacido en Eisleben, Alemania, el 10 de noviembre de 1483 y fallecido en el mismo lugar el 18 de febrero de 1546), difieren de forma muy notable de las católicas. El protestantismo, como se vino a conocer el movimiento religioso originado a partir de la Reforma de Lutero, enfatiza la doctrina de la predestinación según la cual solamente X personas están predestinadas a ir al Paraíso, las demás siendo denegadas acceso a la eterna salvación. El punto crítico aquí es que la clave en saber si eres de entre los escogidos está precisamente en tu estatus socioeconómico en la vida, ya que tal estado de superioridad es indicación te que Dios te favorece. “Bienaventurados sean los bienaventurados porque de ellos es el reino de los cielos” es el mensaje protestante, y esta actitud es el origen de la denominada “ética laboral protestante” que tantísimo distingue al protestante del católico que carece de la misma. “¿Quieres saber si Dios te escogió para la Gloria Eterna?”, pregunta el protestante, “tu estatus socioeconómico es la mejor indicación” es su respuesta. El protestante es motivado religiosamente y por lo tanto culturalmente – las bases de toda cultura se hallan en su religión – a esforzarse trabajando ya que la distinción social y el bienestar material son el mejor, o quizás único indicio previo de su salvación eterna. Pero para el protestante se trata de “a Dios rogando pero seguimos trabajando”. EE.UU. como superpotencia protestante encarna la representación de esta creencia y lo expresa con plena confianza en su moneda: “In God We Trust” – en Dios confían. La lógica protestante es sencilla: la prueba de que EE.UU. tiene la Gracia de Dios está en su estatus dominante en la sociedad y en la economía internacional: cuando se trata del Todopoderoso es así porque El quiso que así fuese.

                El mensaje católico es muy diferente, lo opuesto se podría decir. “Bienaventurados sean los patéticos y los miserables porque Dios te compensará por tu sufrimiento” – es la lógica del elevador: los últimos serán los primeros. No es sino una perfecta receta religiosa para una cultura de mediocridad completa y oscurantismo total: la apatía, la ignorancia santificadas junto con la soberbia de creer en una recompensa eterna por las dos anteriores. ¿Cuántos grandes filósofos ha producido la Hispanidad comparada con la lista interminable de británicos y alemanes? ¿Inventores? ¿Científicos? ¿Matemáticos? Mientras que el protestante al menos labora en pos de una prueba de su recompensa eterna, el católico ni se molesta; el protestante busca la superación socioeconómica en el trabajo, el católico, y por consecuencia el Latino, se conforma con sobrevivir. (A modo de comentario parentético diré que el protestante aún está muy lejos de trabajar por el amor al trabajo o por la excelencia personal que tanto caracteriza al japonés por ejemplo y que es la base de su ‘kaizen’, tema central de nuestro programa “Maestros KAIZEN”.) No es de sorprender que en el mundo occidental la división entre primer mundo y tercer mundo se reparta entre el protestantismo y el catolicismo con limitadas excepciones: aquellos países católicos que conviven con los protestantes históricamente y culturalmente durante siglos, es decir, los europeos.

                Entonces, recapitulando, entendemos que el culto al ocio y al placer dominante en la cultura latina es producto de sus raíces religiosas anti-filosóficas y sociopolíticamente conformistas. ¿Y el temor a la soledad? Para explicar esto tenemos que adentrarnos de nuevo en el territorio familiar de la disfunción de la familia latina, nido y caldo de cultivo para el sociedades repletas de negativistas desafiantes. Fijaros primeramente en un detalle importante de la cultura angloamericana: el individualismo. Desde que era niño en los EE.UU. observando el Lone Rander (el Llanero Solitario), Batman, Superman, Aquaman, el Capitán América, Ironman, Spiderman, etc., comprendí la importancia, el valor, la necesidad de separarse de la plebe, de las masas, del rebaño para el logro heroico. Dejemos a un lado la completa ausencia en el mundo latino a un culto a la heroicidad puesto que no se puede adorar lo que culturalmente no se valora. Es cierto, ni siquiera a nivel ficticio contamos con héroes que inspiren y capten la imaginación de nuestros hijos, de nuestra juventud, que inviten a la aventura heroica, al sacrificio personal por el bien común, al acto moral, al camino de la rectitud social, al enderezar entuertos. No, claro que no; esa idea en el acervo cultural del Latino, del Hispano murió con Don Quijote, figura heroica por excelencia pero cómica por convenio ya que Cervantes conocía muy bien a su gente, sabiendo que el Hispano es demasiado envidioso para la admiración prefiriendo siempre reducir a los grandes al ridículo en toda ocasión posible. El hispano, el latino – el ibérico y el iberoamericano – detesta admirar la grandeza porque resalta su propia mediocridad, su propia mezquindad de espíritu, atributos tan cuidadosamente cultivados por sus creencias religiosas y tan perfectamente manifiesta por su culto al ocio y su adoración al placer. Mientras que en otras culturas, la norteamericana por ejemplo, la excelencia sirve de inspiración, en la Hispanidad es todo lo contrario. En el mundo Hispano el gordo se siente más gordo en la presencia del esbelto mientras que estar rodeado de obesidad normaliza su situación; el ignorante, en presencia del erudito se siente más ignorante todavía así es que busca refugio entre los incultos para evadir su estado de incomodidad en vez de esforzarse en educarse para elevar su condición. Obrar de lo contrario violaría el derecho divino al conformismo, a la apatía, a la ignorancia, a evadir el esfuerzo y evitar la incomodidad.

¿Y el miedo a la soledad? ¿Qué pasó con eso? Voy llegando. Antes tenemos que entender otra consecuencia psicológica-cultural de la religiosidad occidental y su contraste con la espiritualidad del extremo oriente. Las religiones del mundo oriental enfatizan el valor cumbre de la experiencia mística, de la iluminación, de la disolución del yo en la totalidad del ‘no yo’. Diversas religiones expresan el mismo resultado en términos de sus doctrinas a veces contradictorias. Para el hindú la experiencia se expresa en términos de la ecuación vivencial-mística de “atman (el alma) = Brahma (la totalidad)”; para el budismo esta en el “anatman” de la no-existencia del alma a favor de la realidad de que somos parte del todo y que la dicotomía ‘yo’ y ‘no yo’ es una ilusión conveniente de la mente-cerebro; así con el taoísmo, con el Zen, etc. El individuo oriental busca escaparse del ciclo de reencarnaciones interminables a través de la disolución de su ‘yo’, de su individualidad, en el todo que es el universo – y no una vida eternamente placentera. Para el oriental la individualidad es la ilusión de la ola que se cree diferente del océano del que emana. Pero ese máximo hallazgo solamente se consigue mediante el esfuerzo individual; ningún dios, espíritu o santo te lo puede dar. No existe ese concepto de “por la gracia de dios” sino “por el esfuerzo personal”.

El occidental en su mentalidad religiosa no solamente da por supuesto vivir para siempre sino que lo desea más que nada, muy por lo contrario al oriental, anhelando el pleno ocio y placer del paraíso celestial y evitando la alternativa del sufrimiento de un infierno eterno. La individualidad imperecedera, o mejor dicho la ilusión de la misma, es algo garantizado en la mente occidental – ni la cuestiona – es una parte calve de la doctrina del cristianismo-islamismo. (Los judíos, muy a diferencia de sus doctrinas derivadas, no creen en la eternidad; su interpretación del convenio original con YHVH está basada en una recompensa en la vida misma.) Puesto que la individualidad está garantizada por jurisprudencia divina, no hay una cultura de esfuerzo a la individuación. ¿Y qué es la ‘individuación’? En términos psicológicos la individuación se refiere al proceso mediante el cual, durante la adolescencia, las personas se separan mental y emocionalmente de su dependencia de sus padres – ante todo de la madre. Consiste en romper el cordón umbilical y no precisar de la aceptación emocional de la mamá – el papa ya sabemos que aun presente brilla por su ausencia en esta cultura.

En los países católicos, al carecer de la ética laboral protestante que inspira al esfuerzo individual, no hay nada que motive al adolescente a la individuación, es decir, a superar el umbral madurativo de su constante adolescencia. De hecho, cuando lo analizamos bien, el negativismo desafiante del latino asemeja a Peter Pan y su vida en la Tierra de Nunca Jamás donde nunca se llega a la adultez, donde todo el diversión y placer.  La individuación es el proceso que le permite al adolescente convertirse en adulto y poderse separar emocionalmente del nido materno. A falta de este paso de maduración, se envejece pero no se madura. El varón nunca se convierte en hombre, entre otras cosas vive buscando eternamente a féminas que sustituyan a su madre huyendo de ellas cuando tienen hijos propios; y la fémina en realidad nunca madura a mujer adulta porque tampoco logra independizarse emocional y psicológicamente de su madre. Vivimos en una cultura de adolescentes que en última estancia dependen emocionalmente de una gran figura paterna que se hospeda en las alturas, o de mini figuras paternas y maternas – santos y vírgenes – que son la base del culto católico. La prevalencia de altares con estatus de santos o de vírgenes en los hogares católicos, incluyendo la más reciente y suprema denegación de la vida que es el culto a la Santa Muerte, confirma esta hipótesis. Idolatría pura y simple.

Ahora es cuando llegamos por fin al latino y su pavor a la soledad. El latino frente a la soledad, o al posible rechazo social o familiar, experimenta una angustia comparable a la de un niño pequeño separado del regazo materno. Lo oímos en las canciones populares referentes a los desengaños amorosos; el “me muero sin ti”. Es una cultura de co-dependencias emocionales porque nadie es bastante maduro para vivir por sí solo. Vivimos con la idea de encontrar nuestra “media naranja” para que quedemos completos. ¿Pero en el acervo cultural que es lo que domina? Otras naranjas igualmente mutiladas pero dedicadas a… ¿a qué? A la ociosidad y al placer. Por otra parte, la excelencia de cualquier tipo, ya sea la heroicidad del superhéroe, el heroísmo social del visionario, la superación mística del Iluminado, el descubrimiento científico, el ensayo filosófico, etc., cualquier manifestación de excelencia, requiere un esfuerzo contracorriente a la cultura del conformismo, de la mediocridad, de la ignorancia, de la apatía que tipifica la Hispanidad. La situación contextual del latino que quisiera superarse es mucho más difícil que la del protestante puesto que este último es parte de una cultura que reconoce el valor del esfuerzo individual; la latina todo lo contrario. Sumémosle el hecho de que el latino, emocionalmente, precisa mucho más de la aprobación del grupo – familia, pareja, amigos, etc. – puesto que padece de esta falta de autonomía emocional, y entenderemos por qué no hay cambios favorables a la vista. El miedo a ser rechazado, la falta de individuación emocional, la inercia contra la superación personal, y la tradición cultural al oscurantismo, al anti-intelectualismo, a la apatía, a la ignorancia y a la soberbia, todas juntas constituyen las paredes de ese “Laberinto de la Soledad” del que nos habló Octavio Paz. Hará falta nada menos que un Gran Espíritu de Leyenda para atrapar al latino en otro tipo laberinto para recatarle de sí mismo: el Laberinto de la Libertad.

He Dicho. Así Es. Y Así Será.   

ANOTACIONES PARA EL 9 DE JULIO, 2011
163.  Título de la Anotación: “LOS 18 PRIMEROS MANDAMIENTOS DEL MAESTRO KAIZEN”
  1. “Sé excelente – Exige la perfección, confórmate con la excelencia”.
  2. No hagas esfuerzos inútiles – No malgastes el tiempo; valora cada momento.”
  3. “Adáptate o perece – Lo único que permanece igual es el cambio.”
  4.  “Máximo provecho de cualquier recurso previsible (imaginable) – Nunca desperdicies nada; de todo sabe sacar gran provecho.”
  5. Convierte el proceso en el objetivo y el destino en el medio.”
  6. Cumplir o Morir, Cumplir Hasta Morir – Esfuerzo perfecto, compromiso total, desde el principio hasta el final.
  7.  “Obedece la Orden y sigue tu Disciplina – la Orden manda, la Disciplina dirige.”
  8.  “Convierte al tiempo y al caos en aliados – Son adversarios naturales del MAMBA KAIZEN.”
  9.  “SEMPER ERUDITIO – Siempre aprendiendo y enseñando.”
  10.  “Averigua los principios, los propósitos y los resultados – En el principio, encuentra el origen de las cosas; después, averigua su propósito; finalmente, analiza los resultados.”
  11. “¡Atención! ¡Atención! ¡Atención! – Primero pon atención; luego pon más atención; finalmente pon aún más atención.”
  12. “De una cosa aprende diez mil y de diez mil aprende una.Todo es todo”
  13. “¡SEMPER KAIZEN! – Todo, absolutamente todo con MAMBA KAIZEN.”
  14. “Entrégate hacia la Perfección con Pasión, Precisión, Paciencia, y Perseverancia.”
  15. “Elimina la ignorancia, la soberbia y la apatía de tu presencia - Son los más grandes obstáculos al MAMBA KAIZEN”
  16. “Entrégate al proceso, y desapégate del resultado – La Paradoja del Momento: Batalla por la vida pero date ya por muerto.”
  17. Da más de lo que recibes, ¡pero atrévete siempre a ser quien eres!”
  18. “SEMPER PARATUS: Siempre preparados contra lo inesperado.”

He Dicho. Así Es. Y Así Será. 

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